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Con protesta y quema de camiones despiden a los 11 asesinados en Tangamandapio

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AGENCIAS

CIUDAD DE MÉXICO.– Con los gritos de “¡Ya basta!, ¡queremos justicia!” y la quema de camiones la comunidad de Tarecuato, municipio de Tangamandapio, Michoacán, fueron despedidos las 11 personas asesinadas por el crimen organizado, entre ellos seis menores, la noche del pasado martes.

El cortejo fúnebre demandó justicia durante el recorrido de poco más de media hora, en el cual los habitantes y familiares narraron las ejecuciones de los jornaleros de Tarecuato.

Un policía comunal dijo a Animal Político que las víctimas salieron de Tarecuato alrededor de las 5 de la tarde para buscar la miel en el predio Los Lavaderos.

Querían seguir con la tradición de más de 500 años de esa comunidad indígena purépecha, de colocar panales de abeja y una güilota (paloma) para recordar a quienes fallecieron durante el año.

Alrededor de las 8 de la noche, recibieron un reporte sobre los cuerpos tirados sobre un camino de terracería que une a los pueblos purépechas de Tarecuato y Los Úcares. Fueron golpeados, torturados y asesinados a balazos y les dieron el tiro de gracia.

«Era mi hijo, son muchachillos de 17, 16, y 13 años. El forense nos comunica que primero los golpearon, les destrozaron la cara a todos y después le dieron el tiro. A todos les destrozaron la cara, no podían ni reconocerlos los de la Fiscalía”, dijo el padre de un joven de 17 años y estudiante del Colegio de Bachilleres.

“Su vicio era el basquetbol, un muchacho grandote, alto. Decía yo voy a ser de grande un ingeniero agrónomo. Se le acabó el futuro y ahorita lo están velando y estamos con este resentimiento, la pérdida de él, bueno de todos pues, de todos los muchachos”, externo el papá del joven asesinado.

Otro familiar denuncia que ahora no pueden regresar a trabajar en las huertas de aguacates por miedo a los sicarios.

Juan, de 34 años, era jefe de cuadrillas de cortadores de aguacate de la región. No tenía vicios. No bebía ni fumaba, practicaba el fútbol, nivel aficionado, como la mayoría de las víctimas.

Su sueño era casarse, ser padre y formar una familia, contó su primo José Luis. “Se le quedó a la mitad todo eso y ahí se quedó su sueño, sepultado por la bala que le perforó el cráneo. Traía golpes en los dientes, quebraduras de huesos y el tiro de gracia”, contó.

Las 11 víctimas eran en su mayoría jóvenes: 6 de ellas de entre 15 y 17 años, un joven de 19 años y 4 hombres de entre 30 y 40 años, iban de paso por el camino donde fueron asesinados.

“No parece haber sido un tema de un enfrentamiento, sí un tema de una agresión de sujetos que estaban en una condición de ventaja por el tipo de armas y el grado de vulnerabilidad de las víctimas”, declaro Adrián López Solís, fiscal general del Estado de Michoacán.

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