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Vecinos de Minatitlán viven entre hedores y aguas contaminadas por desechos del rastro municipal

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DANNA PALMEROS-CI

Minatitlán, Ver. El hedor constante, las aguas negras corriendo a cielo abierto y la incertidumbre diaria se han vuelto parte del paisaje cotidiano para los habitantes de la colonia Benito Juárez, quienes llevan años denunciando sin éxito la contaminación generada por el rastro municipal.

A escasos metros de la intersección entre las calles Churubusco y Bellas Artes, un canal de aguas residuales serpentea entre viviendas, arrastrando consigo desechos orgánicos, sangre animal y restos líquidos provenientes del matadero ubicado en la colonia Cerro Alto. El flujo se intensifica al mediodía, según relatan los residentes, cuando el calor y las actividades en el rastro hacen más penetrante el olor.

“Vivimos encerrados. No podemos abrir las ventanas porque el olor es insoportable. Y eso sin contar que nuestras casas están en riesgo por la erosión que provoca el arroyo”, declaró una habitante, quien prefirió no revelar su nombre por temor a represalias.

La situación no es nueva. En distintas ocasiones, los afectados han exigido intervención de las autoridades municipales. No obstante, los llamados han quedado sin respuesta efectiva. Los vecinos aseguran que ninguna dependencia ha realizado acciones concretas para mitigar la contaminación, a pesar de las pruebas visuales y los riesgos sanitarios que representa.

Además del impacto en la salud y el medio ambiente, los pobladores temen que la infraestructura de sus hogares siga deteriorándose a causa del deslave progresivo que provoca el curso del agua contaminada.

Ante el abandono institucional, los habitantes de la Benito Juárez reiteran su exigencia: que el Ayuntamiento y las autoridades ambientales tomen cartas en el asunto y frenen lo que consideran una grave omisión que vulnera su derecho a vivir en condiciones dignas y seguras.

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